viernes, 16 de marzo de 2012

Amor oculto, 2° parte



Aunque se había estado preparando desde la mañana para esa posibilidad, ver entrar a Finn O’Connell a la oficina fue un impacto mayor de lo esperado. Y también fue el fin de su esperanza, no había habido una confusión, era él.
Ya no era un adolescente, sino un hombre en sus treintena, pero seguía teniendo los ojos azules y el cabello negro como el ala de un cuervo, era mucho más alto y sus facciones habían cambiado, pero era atractivo, mucho más que antes.
Helena fue quien se levantó a atenderlo, aunque Ana supo que no tenía escapatoria, después de tantos años tendría que enfrentarse con él.

-Ella es mi ayudante, la señorita Ana Hunt. Ana , el Señor O’Connell…- la presentó Helena trayéndolo con ella  y Ana levantó la mirada, rezando porque no la reconociera.
-Señorita Hunt – saludó él extendiendo su mano y la voz la hizo estremecer, también  había cambiado, era más profunda con un tono rico en matices.
-Señor O’ Connell…- respondió ella intentando sonar segura y confiada al tiempo que le estrechaba la mano. Él la miró un instante, como estudiándola, luego sonrió amablemente y Ana suspiró aliviada. No la había reconocido.
-¿Usted me llevará a ver la casa? – preguntó y Ana le dedicó una mirada de suplica a Helena.
-Eso lo haré yo, Ana no se ha sentido muy bien el día de hoy – explico la mujer entendiendo la mirada de su empleada.
- ¿Se siente mal?- preguntó él preocupado.
-No, nada serio…ha de ser cansancio – respondió Ana con rapidez, lo último que necesitaba era que Finn se preocupara por ella.
-¿Nos vamos? – preguntó Helena y él asintió.
- Que se mejore – le dijo a Ana antes de marcharse tras la jefa de la joven y ella se limitó a asentir, apenas ellos se marcharon, se dejó caer en la silla sintiendo que temblaba. No había estado mejor preparada para enfrentar al Finn adulto de lo que lo había estado para enfrentar al adolescente.  Sin embargo había sobrevivido, ahora le quedaba esperar que  los cielos se apiadaran y que él no se quedara a vivir allí, no quería que se cruzara con Sean.

 Finn volvía a su casa desde la inmobiliaria, el día anterior la había visto e inmediatamente había decidido alquilarla, era demasiado grande para él sólo pero se sentía cómodo allí, además se había enamorado del pequeño parque que la rodeaba.
Acababa de firmar el contrato y lamentaba  no haber visto a la empleada del día anterior, según la dueña de la inmobiliaria, la joven había pedido el día libre. Él se preguntó si seguiría sintiéndose mal.
La mujer le había llamado la atención, más que eso, se había sentido instantáneamente atraído por ella, aunque no había parecido ser algo mutuo. Debía tener su edad , más o menos, largo cabello castaño y muy linda, pero lo que lo había capturado habían sido sus ojos, de un cálido color marrón claro...Había algo familiar en ella, por un momento había llegado a creer que era alguien que conocía, pero el nombre era otro.
Ana Hunt le había gustado mucho, y habría querido volver a verla, pero lamentablemente no estaba en la inmobiliaria. Aunque  no perdía la esperanza de volver a encontrarla, después de todo la ciudad no era muy grande.
Iba pensando en ella, cuando un movimiento en la vereda lo distrajo. Desvió la mirada un segundo y alcanzó a ver que había una pelea entre adolescentes. Estaba seguro que no era muy buena idea meterse en problemas siendo un recién llegado, pero sintió el impulso de intervenir. Detuvo el auto y se bajó,  la pelea no era tal, más bien era un ataque de tres contra uno. El chico le dio pena, a pesar de que estaba dando unos buenos golpes llevaba todas las de perder. Finn se les acercó justo  cuando lo sostenían agarrado entre dos para seguir golpeándolo.
-¡¿Qué sucede aquí!?- gritó Finn poniendo su peor cara de malo, la altura y el físico lo ayudaban, al menos para impresionar a un grupito de adolescentes.
-¡Esto no quedará así...! –  gritaron al escapar los tres atacantes, mientras su oponente se levantaba del piso.
-¡Cuando quieran! – les gritó enjugándose la sangre del labio y Finn sonrió ante el coraje del muchachito.
-¿Estás bien? – preguntó acercándosele.
-Sí, gracias. -respondió mirándolo de reojo mientras se sacudía la ropa y notaba con disgusto que su camiseta tenía un desgarrón.
-No soy quien para andar dando consejos, pero no es buena idea enfrentarte solo con tres....-sugirió Finn.
-Lo sé, pero estaban molestando a una chica, así que tuve que hacerlo...
-¿Tu novia?
-No, nada de eso - contestó el muchachito.
-¿Entonces?
-Era una mujer, obviamente tenía que defenderla...- dijo  como si fuera una verdad incuestionable y lo miró firmemente como retándolo a que se lo discutiera.
Era alto y delgado, con cabello castaño claro. Le hizo recordar a él mismo a esa edad, aunque él  había tenido un aire de buscapleitos y no de caballero andante como este jovencito.
-Sí, supongo que es una buena razón, aunque no todos lo harían.. Soy Finn – se presentó.
-Soy Sean – contestó el muchacho sonriendo y le alargó la mano para saludarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...