viernes, 18 de julio de 2014

Gabriela Ruiz "Si Supieras" 17

Nina rodeó su cuerpo con los brazos, mirando el césped por el que caminaba. No tenía sueño y pensó que una caminata corta le ayudaría a conciliarlo. Hasta el momento, no había sido su idea más brillante…
Suspiró con cansancio. Realmente estaba agotada, pero no podía dormir. Miró hacia la ventana superior en la casa vecina. La habitación de Caleb estaba con la luz apagada, como el resto de la casa. Era tan extraño pensarlo ahí, tan cerca…

Habían charlado por un momento los 3 a su llegada. Cameron y Caleb no intercambiaban demasiados comentarios, pero intentó que lo hicieran y que el ambiente fuera lo menos tenso posible. Algo bastante complicado. Quería hablar con los dos, por separado, sobre lo que causaba aquella situación. No era de su incumbencia, pero le gustaría que se llevaran como lo que eran, hermanos.
Imaginaba que con Cameron sería más sencillo, siempre se habían comunicado directamente y de frente, pero con Caleb… él era diferente. Siempre había temido decir algo erróneo o que hiciera que él se enfadara. Y, lo extraño, era que él jamás se había enfadado realmente con ella, al menos eso creía.
Ni siquiera cuando había pensado en Cameron, en voz alta, mientras Caleb estaba tan cerca… ni ahora que se había enfadado ella de la nada. Caleb era tan… diferente. Desafiaba los paradigmas que tenía sobre él, en cada encuentro, los derribaba. Encontraba más interrogantes, más preguntas que respuestas en sus actitudes y forma de ser.
Cerró los ojos y el silencio de la noche llenó su cuerpo de tranquilidad e infinita paz. Quería creer que la cercanía de él no tenía nada que ver…
–Nina –escuchó un murmullo y abrió sus ojos castaños con sorpresa– Nina, aquí –siguió la voz hasta la cerca que separaba su casa de la de los Blake.
–¿Qué haces aquí? –Nina lo miró con incredulidad– ¿coincidencia?
–No lo sé –confesó Caleb con una leve sonrisa– sentía deseos de verte y no podía dormir. Me levanté de la cama, vi por la ventana y ¡estabas paseando en el jardín!
–¿Querías verme? –inquirió con sorpresa, en tono agudo– ¿a qué te refieres?
–¿Crees que exista una forma en que estemos en el mismo lugar sin que tengamos que despertar a toda la casa? –señaló hacia la puerta que solía rechinar cuando la abrían. Nina asintió– ¿dónde?
Nina lo llevó hasta un pasadizo que, cuando eran niños, usaban Cameron y ella todo el tiempo, para jugar incluso si estaban castigados.
–No preguntaré cómo o por qué existe… –soltó con ironía.
Nina puso en blanco los ojos y lo dejó pasar. Caleb se pasó una mano por el cabello, en gesto nervioso y carraspeó.
–¿Qué sucede? ¿Estás bien? –lo observó atentamente.
–Sé lo que tenía que hacer, cuando nos despedíamos… –aclaró Caleb y Nina sintió que se sonrojaba– es decir, realmente quería hacerlo pero… Nina, tú eres tan… diferente para mí.
Ella bajó sus ojos castaños al suelo. ¿Qué se suponía que debía contestar? Lo entiendo, no te agrado. No te gusto en lo absoluto, pero está bien. Estoy acostumbrada.
–Caleb, si eso era lo que tenías que decir…
–No, es que no lo entiendes, Nina.
–Lo entiendo. No te agrado, Caleb.
–Sí me agradas.
–No de esa manera.
–¿De qué manera? ¿De qué rayos hablas, Nina? –se impacientó.
–No lo entenderías… ¿cómo ibas a…? –la interrumpió Caleb.
–No me dejas opción, Nina –Caleb se acercó hacia Nina, que retrocedió un poco por la sorpresa. Él sonrió y negó levemente, atrapando con su mano la cintura de Nina. Eliminó el espacio existente entre ellos y Nina se quedó completamente pegada a Caleb.
–Yo, no creo que sea buena idea y… –protestó débilmente, sintiendo que su rostro estallaba en llamas.
–No me interesa, Nina… no ahora –respondió Caleb en un susurro contra sus labios, para finalmente atraparlos y dejarla totalmente confundida por las sensaciones que se desataron con el contacto. Se sentía eufórico, como si hubiera vagado por un desierto y encontrara un oasis. Nina… la amaba. Era tan feliz a su lado. Y en ese instante, nada más importaba.
Nina entregó a Caleb en ese beso todo lo que sentía, lo que temía admitir y lo que empezaba a aceptar. Exteriorizó sus deseos y temores; pensando que, realmente, ella y Caleb juntos… era increíble.
Se separaron suavemente, pero Caleb no dejó de besar el rostro de Nina, hasta volver a tomar sus labios. Ella se aferró a él, dejándose llevar por lo inexplicable. De alguna extraña manera, era Caleb… y no era él. Alguien que siempre estaba ahí y diferente a la vez. Lo conocía, y al mismo tiempo, no lo había conocido en absoluto.
¡¿Qué estaba haciendo?! –se gritó mentalmente Nina, intentando tomar aire y separarse.
–Lo siento –Caleb la soltó, sintiendo una profunda decepción de sí mismo– no debí…
–No, está bien. Fue una locura, lo entiendo. ¿Podemos olvidarlo? –habló Nina con rapidez, resistiendo el impulso de echarse en sus brazos y dejarse llevar por él. Caleb frunció el ceño. La situación se salía de control– no pasó nada. Te lo prometo.
–Seguro. Nada –Caleb soltó con cinismo– ¿qué significaría para ti, verdad? Yo no soy Cameron.
–Caleb, ¿cómo puedes decir algo así? –Nina sintió como si le hubiera dado una bofetada– ¡Cameron no tiene nada que ver con lo que pasó!
–¿Qué pasó, Nina? Nada –se encogió de hombros– lo olvidamos.
–Caleb, creo que hay un malentendido… –le tomó del brazo pero él se apartó.
–Definitivamente –concordó él– yo no debería ser quien está aquí contigo.
Se giró, alejándose a grandes zancadas hasta la parte opuesta del jardín. Nina lo miró con tristeza, queriendo abrazarlo y golpearlo a la vez. ¡Es que él se veía tan molesto por lo sucedido! Solo pensó que ayudaría si ella se comportaba normal, como si no fuera algo trascendente, cuando sí que lo era. Pero lo había empeorado. ¿Por qué? ¡No era como si él sintiera algo por ella!
No, lo mejor era alejarse de Caleb. No importaba que su corazón se acelerara con solo pensar en aquel beso, en sus ojos, en su sonrisa, en él… ¡No! Eran demasiado diferentes, eran opuestos. El día y la noche, como los había calificado Cameron tan acertadamente.
¿Qué más daba lo que empezaba a sentir? Debía terminar. Ahora.
Caminó hacia la puerta con decisión, miró a Caleb de reojo, que no se había movido del lugar en que había tomado posición, de espaldas a ella, con terquedad. Peor para él. Entró y cerró con excesiva fuerza.
No le importaba que se despertara alguien. De cualquier manera, fueran los Danes o los Blake, nadie creería que ella y Caleb acababan de besarse en el jardín.
Caleb cerró los puños con impotencia, pensando en lo idiota que era. ¿Cómo se había permitido olvidar que Nina no lo amaba y, para colmo, que conocía bien a quién amaba? ¡Lo que él sintiera por ella jamás sería suficiente! El amor era recíproco, de doble vía… no podía ser de otra manera para que fuera real. No importaba lo que él hubiera sentido durante la tarde con ella. ¡No… era… real!
Se había sentido como algo diferente, como si de alguna manera Nina sintiera algo por él. ¿Cómo había sido tan estúpido qué se había creído las historias que su delirante mente había inventado? Nina no lo quería. Él lo sabía. Y, lo que era peor, no le importaba.
Porque, si de él dependiera, habría hecho a un lado su dignidad y la habría tomado entre sus brazos, sin importar si ella pensaba en él. O no. Podía vivir con eso, siempre que no se lo dijera… él creía que podría. Pero Nina no era así. Ella no le mentiría. Esto era imposible.

1 comentario:

  1. Que tristeza!!! Yo quiero a Caleb contento y feliz con Nina. Pero Nina esta confundida.
    Quiero maaaaas jijiji
    Besitos y muchas gracias

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