jueves, 26 de mayo de 2016

La redención 10°



Abigail corrió a la habitación de Antoniette, la cual ocupaba temporalmente, y apenas entró se quedó apoyada contra la puerta. El corazón le latía agitado. El sentido común, las enseñanzas de su madre y sus propios valores, le decían que debería haberse ido de aquella casa después de lo sucedido, pero su corazón decía algo muy diferente.
Jamás había tenido un contacto tan intimo con un hombre, aún sentía el peso del cuerpo de Cole sobre el de ella, su respiración, sus manos aferrándose a sus muslos para mantenerla quieta. Recordaba su mirada intensa y  sus palabras casi susurradas. Sin embargo, aunque estaba turbada, no había sentido miedo, había sabido que él no iría más allá, que no haría nada para lastimarla.
Confiaba en él.
Y además, en aquel instante de tanta cercanía, cuando sólo había deseado calmar lo que lo atormentaba, había descubierto que se había enamorado de él.
Lo sensato hubiera sido regresar a su casa y no regresar jamás, pero no lo hizo.
Se acostó y se acurrucó entre las mantas, esperando que el nuevo día trajera un poco de esperanza, para ella y para él.

Al día siguiente la despertó Antoniette sacudiéndola levemente, acababa de regresar a la casa.
Ya era media mañana y Abigail se dio cuenta que había dormido mucho más tiempo del habitual, parecía ser  que el incidente con su jefe la había dejado agotada.
-¿Ya estás aquí? – preguntó somnolienta.
-Sí, ya regrese.
-¿Cómo está tu tía?
-Muy bien, gracias al cielo. Así que pude volver un poco antes, estaba preocupada por ustedes. ¿Todo está bien? ¿No sucedió nada?
-Nada .- contestó Aby de prisa y sin darse cuenta se sonrojó. Antoniette notó su reacción pero no dijo nada.
-Iba a preparar el desayuno, pero Bart me dijo que el señor salió muy temprano, así que creo que sólo descansaré un poco.
-Sí, buena idea, yo me levantaré. Tú descansa – dijo saliendo de la cama.
-¿Abigail?
-¿Sí?- preguntó la chica mientras se vestía.
-Nada importante – dijo la mujer y le sonrió levemente.


Habían pasado tres días desde aquel encuentro con su empleada, pero Cole aún no podía dejar de rememorar el momento. Sobre todo porque ese día había sido consciente de  que la muchachita lo afectaba más de lo que creía y de que incluso la deseaba.
Esos tres días la había evitado tanto como era posible, pero cada día se le hacía más difícil, porque así como intentaba alejarse, se sentía más atraído hacia ella.
Y eso lo ponía de mal humor, necesitaba sacarse la de la mente.
Necesitaba una mujer, o una buena pelea, y pronto. Sin embargo  no se sentía tentado por buscar compañía femenina, porque estaba seguro que  la voz de Abigail llamándolo por su nombre se interpondría. Así que se inclinó por la segunda opción, una pelea.
Salió a  buscar al hermano menor de Malone que se había vuelto un verdadero fastidio, y necesitaba un freno. 
La calle tenía sus propias leyes, y Malone las estaba desafiando al provocarlo una y otra vez, no sólo se había metido con sus negocios y sus clientes, incluso la semana anterior alguien habían intentado robarlo cuando salía de ver a un inversor , y sabía muy bien que eran sus hombres . El ataque no había llegado a buen puerto, pues él se había defendido, después lo había comentado con la policía, pero era hora de ponerle un coto a esos ataques.
-¿Va a algún lugar? – preguntó Bart al verlo encaminarse hacia la salida.
- Voy a tomar aire – dijo y su hombre de confianza no le creyó pero no dijo nada.
Era temerario, pero el mejor ataque era ir de frente cuando no lo esperaban, así que fue donde era la guarida de Jeffrey Malone.
Derribó a los guardias que vigilaban el lugar y entró. Obviamente no lo esperaban
-¿Qué haces aquí? – le preguntó sorprendido.
-Terminemos con esto de una vez, no tuve que ver con la muerte de tu hermano y quiero que dejes de interferir en mi camino, empiezas a resultar molesto- dijo Cole
-¿Por qué debería hacer lo que me dices? ¿De verdad te creíste tu papel de gran señor?
-Una pelea, tú yo, allí afuera en los callejones. Y terminemos de una vez con esto. Pero de hombre a hombre sin que nadie más interfiera y sin trucos sucios – propuso Cole.
-De acuerdo – respondió el otro, se quitó el abrigo que llevaba, le hizo una señal a sus hombres y salió con Cole pisándole los talones. Cuando estuvieron en la calle, Bayley se quitó el abrigo y se enrolló las mangas de la camisa, y antes de terminar de acomodarse recibió el primer golpe de Malone, a traición.
Sacudió la cabeza, se tocó el labio partido, sonrió con ferocidad y devolvió el golpe empezando la verdadera contienda.
Fueron bastante parejos en un principio, hasta que la superioridad de Cole fue notable, cuando Jeffey cayó al suelo, se inclinó hacia él.
-Aquí termina, déjame en paz de una maldita vez – susurró Cole levantándolo por el cuello de la camisa y luego lo soltó, dándole la espalda. Fue un error. Dio unos pocos pasos y sintió el corte en el brazo, Jeffrey, tambaleando sostenía una navaja y lo había atacado.
Cole se volvió furioso y se enzarzaron en una nueva riña, Cole iba ganando, Jeffrey volvía a estar en el suelo y muy maltrecho, pero pronto se dio cuenta que la gente de Malone empezaba a acercarse, había sido estúpido al creer que podría ser  un juego limpio. Estaba haciéndose a la idea de recibir más golpes de los que esperaba, cuando vio aparecer a Bart y a varios de sus propios hombres.
-Se hacía tarde y vinimos a buscarlo – dijo Bart.
-Fue una buena idea- dijo yendo hacia ellos- Aunque no quiero que esto sea una guerra.
-No lo será, sólo vamos a ir a casa . Y nos aseguraremos que nadie lo impida- dijo Bart en voz alta y los hombres que veían con él se desplegaron haciendo alarde de sus propios cuchillos o las barras de metal que llevaban.
-Bart..- advirtió Cole, era cierto que no quería que aquello fuera más lejos.
-No se preocupe, sólo los mantendremos alejados y lo llevaremos a casa. ¿Puede caminar?
-Sólo tengo un par de rasguños.
-Mejor así, vamos, traje el coche.
-¿Cómo llegaste hasta aquí?
-Lo conozco bien, sólo que me retrasé reuniendo a los muchachos. Sabe que los Malone no son trigo limpio, esto fue una estupidez.
-Lo sé, Bart. Estoy teniendo una mala racha respecto a comportarme como estúpido.
-Vamos – dijo el hombre y aunque Cole podía caminar perfectamente lo llevó del brazo hasta el carruaje y luego que subieron, con un fuerte silbido dio la orden a sus hombres para que se marcharan. La gente de Malone fue a auxiliar a su jefe.

Cuando entraron a la mansión,  Abigail fue la primera en verlos llegar y lanzó una exclamación, tapándose la boca inmediatamente después.
-Estaré en el estudio – dijo Cole y pasó junto a la joven que clavó su mirada en las heridas del hombre.
-De acuerdo, ahora voy – dijo Bart y cuando su Jefe se alejó, la joven fue directo hacia el hombre.
-¿Qué pasó? ¿Están bien?
-Sí, sólo  era algo que debía solucionar antes que se fuera de las manos.
-¿Y lo solucionó?
-Eso espero, muchacha, eso espero – respondió no muy convencido, se suponía que Jeffrey Malone dejara de molestar, pero dudaba que fuera a cejar en su encono- debo ir a curar a ese muchacho.
-Bart…- lo llamó ella y el hombre no necesitó preguntar qué quería.

Cole se sentó a medias sobre el escritorio, estaba más calmado, pero temía que aquel arrebato suyo fuera a complicar las cosas, había visto el odio puro en los ojos de su contrincante y que lo atacara a traición era una señal clara de que pensaba seguir desafiándolo.
Al abrirse la puerta se llevó una sorpresa, no era Bart, sino Abigail quien venía cargando un pequeño cesto.
-¿Y Bart?
-Yo lo curaré- dijo ella sin dar más explicaciones.
-¿Qué haces aún aquí? Deberías estar en tu casa hace horas.
-También usted debiera haber vuelto hace horas, estábamos preocupadas con Antoniette después de ver salir a Bart tan apresurado, y no quise irme.- contestó mientras se acercaba a él. Apoyó la cesta al lado y también la botella de Whisky.
-¿Y eso?¿Vas a emborracharme?
-Para desinfectar, no había otra cosa. Me temo que ha descuidado ese aspecto, si va a andar peleando debería tener un botiquín bien surtido.- le reprochó y luego de untar una gasa en el alcohol se acercó y le limpió el corte junto al labio y al lado de la ceja.
-¡Auch!- protestó él .
-¿El otro quedó pero que usted?
-Si-dijo casi divertido
-No pienso felicitarlo.
-No esperaba que lo hicieras, pajarillo – dijo intentando no pensar que Abigail estaba entre sus piernas abiertas, parada en puntas de pie y extremadamente cerca de él.
La chica hizo un mohín de fastidio y se alejó unos pasos.
-Quítese la camisa – ordenó firmemente y Cole elevó las cejas , lo que le recordó que tenía un corte justo allí.
-Eres demasiado osada para tu propia seguridad.
-Tiene un corte, veamos cuan profundo  y deje de hacerse el remilgado – dijo señalando la mancha de sangre en su camisa.
-Eres tú quien debiera ser un poco más remilgada, muchacha – dijo y ella lo miró fijamente. Cole se quitó la camisa.
-¿Duele mucho? – preguntó ella examinando el corte.
-No, no mucho. He tenido peores- dijo y aunque ella intentaba no mirar, alcanzó a distinguir otras marcas en el torso masculino. Afortunadamente el corte no era profundo, lo limpió concienzudamente, le puso un emplasto y luego lo vendó.
-Listo – dijo pasándole una camisa limpia que traía en el cestillo.
Cole se puso la camisa y mientras ella acomodaba las cosas  le habló suavemente.
-Perdón, por lo de la otra noche – dijo y la chica levantó la mirada sorprendida- Yo sólo quería asustarte, eres una imprudente que no sabe hasta dónde acercarse. Aún así me disculpo.
-Lo sé- dijo ella.
-¿Qué haces Abigail?- preguntó él refiriéndose al comportamiento de la joven, era tan segura, tan digna, tan fuerte a pesar de su fragilidad que lo conmovía. Mientras lo curaba tan gentilmente había sentido que el corazón se le expandía, que se le inundaba de un anhelo que ni siquiera podía nombrar. Y que mientras curaba sus cortes y golpes, curaba también algo más profundo en su interior
-Esa noche, y ahora, sólo estaba preocupada y quería cuidarlo – dijo ella y sus ojos reflejaban tanta sinceridad y emociones que Cole no pudo evitarlo. La tonó con un brazo por la cintura, la acercó a sí y la besó con mucha delicadeza. La chica no se resistió, sino que se acomodó contra él y posó su mano en el cuello. Apenas la intensidad de la caricia empezó a aumentar, Cole se frenó y la apartó.
-¿Qué haré contigo, pajarillo? – preguntó apoyando su frente contra la de ella
-Soy rubia y sé tocar el piano – le susurró ella esbozando una sonrisa.





1 comentario:

  1. Awwwwwwwww soy rubia y sé tocar el piano, ella es eso y mucho mássss... genial sis me gusta muchoooo

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